domingo, 19 de febrero de 2017

TRASLADO

Hola a todos, he decidido trasladarme a otro formato por estética y funcionalidad. Todas las entradas se encuentran en esta nuevo espacio. Los que me seguís, si continuáis queriéndolo podéis hacerlo aquí:

https://secondhandheavensite.wordpress.com/


Saludos!

martes, 22 de noviembre de 2016

Poética y masoquismo

Si tuviera que elegir un tacto que se pareciera al de tu aliento sobre mi espalda no encontraría tan siquiera viento levantino que te igualara. Si tuviera que describir cómo me haces sentir cada vez que tu lengua toca fondo no podría ni siquiera expresar ese brillo que me inunda.

Ya no puedo distinguir entre un aterrizaje en tiempo o de emergencia, no sé si caigo o si vuelo y si caigo quiero romper cada nota que eriza tu cuerpo cuando me acerco. Cómo tu calor apaga cada miedo que supuran mis heridas y esos ojos negros tristes que me dicen que me quede aunque tu no me vayas a buscar.

No comprendo tus manías, ni siquiera esa de quererme bajito pero intenso, como cuando nos acostábamos con el timbre musical al brillo de las estrellas. Voy a ti sin saber qué hacer, ni como acabaré o como acabarás conmigo, rota, desecha de amor, turbia como el agua del cantábrico en tormenta como olor salino a medianoche.  Y con remiendos salgo, navegando a la deriva por tus temores, por la barrera que quieres derribar y que tan sólo a mi dejas rozar. Me cuelo por recónditos vacíos que puedo llenar poco a poco, con dolor, esmero y mucho amor, de ese que siempre me dices que me haces antes de desfallecer a mi lado, cómo diciéndome "Aquí me tienes mi amor, así soy yo, destrozado y rabioso, pero tuyo y débil".

Cómo podría confesar que me duele tanto como me abruma, esa capacidad tuya tan extremadamente poética y masoquista de demostrarme tu amor, cuando nadie más lo ve con una capa neblina en su mirada y yo con luz tenue puedo observar. He sentido que te tengo, tan dentro y tan hondo, dolorido animalillo que da aquello que ni tiene. No comprendo tu manía de enredarte en mi, en mi piel pálida, en mis deseos irrefrenables de amarte resquebrajado sabiendo que es imposible no salir impune de esto. 

Tu desnudo no equipara ni al mayor orgasmo epidérmico que haya sentido, exponerte así como jamás antes, atado esperando como una presa que acabe contigo, como una bala por azar dentro de ti, aliviándote en mis manos. Tu alma era tan oscuramente bonita mi amor, que dormiría allí cada noche, acurrucada junto a tu gran corazón. Sigo sin entender cómo pudiste coser mi psique a ti, abriendo cada pedazo de ti, exprimiendo cada lamento en mí, cada melodía en te quiero, cada cicatriz en caricia , cada punzada en belleza.

Si tuviera que elegir a que sientes diría que a agua tras desierto caminado, si tuviera que interpretar a que dueles diría que a asfixia pero siempre serías tú la respuesta cuando me increparan que qué es el amor. 
Porque el amor eres tú. El amor soy yo contigo. El amor somos nosotros.Y lo elegiría de nuevo, un amor dolorido como el tuyo no lo merece cualquiera. nadie jamás en la historia del romanticismo se ha sentido tan viva como cuando entre cobardía, cicatrices y delicadeza, me escribías tus te amo a la largo de mi alma.

domingo, 1 de mayo de 2016

Querido remitente

Querido remitente:
Hace tanto que no te escribo que se me ha olvidado hasta la yema de tus dedos. Sólo venía a decirte que estoy bien o por lo menos mejor que antes. Así que gracias, supongo.
Ya no lloro, o por lo menos no de la misma manera. Ahora lo hago porque estoy cicatrizando y escuece, pero duele menos que cuando estaban abiertas. Supongo que lloro porque lo tengo dentro y las personas lloran cuando en algún momento no lloraron lo suficiente.
Querido remitente, hace tanto que no te escribo que casi tengo que inventarme como eras para recordarte. Recuerdo lo bello y poético de tu ser, aunque no las anacronías que aparecían en tu ceño por cada susurro de mi boca que no era a tu gusto. Me gustaba retarte, eso lo recuerdo. Junto a tu dirección, aunque jamás volveré.
Sólo quería escribirte para decirte que aunque tu no me encontraste lo hice yo. Y es tan maravilloso que hasta asusta. Y cuando el sol me acaricia siento que estoy en paz conmigo misma ¿sabes? Como que después de todos los errores abruptos hubiera llegado a una ladera, a mi nirvana.
Querido remitente, espero que estés bien aunque sé que en el fondo no. Espero que algún día dejes de tener miedo a los demás y no te alejes cuando sientas amor. Las personas dolemos, hacemos daño y somos imprevisibles, pero también somos bonitas, te lo prometo, y hacemos volar sin alas y reír sin ganas. Ojalá hubiera sido todo distinto y me hubieras dejado escribirte con conocimiento de causa, y aunque tendrías que descifrarme, a veces merece la pena buscar bajo la piel. 
Querido remitente, adiós, me marcho rumbo a cualquier parte, sin ti, sin billete de vuelta sin mirar atrás. No te olvides de que algún día formé parte de ti, y que aunque no lo quieras, lo sigo formando.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Qué esperar de una mujer rota

¿Qué esperar de una mujer que está rota por dentro y no fía abrazos?
No soy buena para ti, ni para ti ni para nadie.
Y tú tampoco lo eres.
Si eres una mujer sin alma la vida fluye más lenta pero sin dolor, ¿qué vas a esperar de una mujer que ya no tiene carne virgen que fustigar?
Nada.
No puedes esperar nada, sólo tiempo. Y tiempo es una medida demasiado inexacta, demasiado efímera. Ya nadie espera por nadie. El amor son emoticonos y fotos en la Torre Eiffel. Ya no hay abrazos para quienes desean una cura, aunque sea del que menos le conviene. Ya no hay caricias por debajo de la nuca ni Romeos que ronroneen bajo las ventanas. Las Julietas se marchitaron y ahora solo aman la luz cenital de la luna.
¿Qué vas a esperar de una mujer que lame sus propias heridas? Soledad.
Porque ellas ya no te esperan a ti. No creen en ti.
Cobran por adelantado no vaya a ser que te vuelvas a ir sin sobreaviso y se quede de nuevo
envuelta en satén y decepción.
Es así, cuando menos nos necesitáis más ansiamos nosotras, y cuanto más cerca os notamos, huimos.
Pero no te confundas, no fue siempre como ahora, solo tienes que mirarnos con detalle para ver todas las huellas que nos recorren y comprender que no somos así, nos hicieron.

Porque ya no son amantes, sólo son mujeres, solas y perdidas.
Y eso, cariño mío, es lo más peligroso.

domingo, 10 de enero de 2016

Metástasis.

Creo que sin poesía no podría existir ni cama ni mundo que te albergara.

Ni un albergue de almas perdidas, ni pérdidas de sueño cuando te sientas a mi lado. 
Ni creencias firmes, ni firmamentos, ni firmas de consentimiento para dejarte ir.
Creo que sin poesía no podría existir ni bocas ni tactos que te desearan. Ni deseos profundos de querer amarte.
No te preocupes por mi, me las apañaré solo, construiré un invernadero donde cultivar tu esencia, y tal vez, con suerte y con esmero, florezca una mariposa que tenga tus mismas pecas.
Que me deje pecar cada noche con tu ausencia,
de luto por sus alas, aquellas que me cortaste al irte del nido sin avisar.
Prometo regarla y cuidarla, prometo envolver mis lágrimas en crisálidas que cuelguen en el desván. 
Por si un día vuelves.
Por si un día no me olvidas. 
Y así cuando te sientas a oscuras, volarán cientos de colores entre cuatro paredes para recordarte que hay belleza hasta en el más recóndito escondite. Que lo más bello cicatriza, y si no cicatriza es que aún faltan unas manos que lo esculpan, como Rafael, como Miguel Angel, como yo.
Ellos hablan de la técnica de los paños mojados, yo hablo del alma empapada, ellos del cincel y yo de la triste de tu mirada. Exhiben en los más bellos museos sus obras de arte mientras que yo no encuentro arte en toda la tierra que exhiba la mitad de ti. Que si tu eres museo, quiero estudiarte, y si eres musa quiero inspirar hasta que entres dentro de mis pulmones. Y es que nunca fue tan bello tu metástasis por mi cuerpo. Reconcomiendome las entrañas hasta que mueren en mí los miedos, hasta que me pudra por ti, y para ti, hasta que no quede parte de mi carne sin tu firma de autor. 
Al final, no te esculpí, al final, tú me creaste.

sábado, 3 de octubre de 2015

En carne viva


Me duelen.
Cada cuchillada que se clava en mi costado sin esperarlo. Como cornada en plaza de toros, como mordisco en tierra salvaje.
Sin esperarlas. Sin esperaros.
Porque ya no hay hueco, ya no queda carne limpia.
Me abraso y caigo, para renacer, una y otra vez, pero las huellas siguen ahí, bajo la nueva capa de piel.

Día a día me vuelvo como una serpiente, reptando entre las calles, buscando sobrevivir, mudando de piel, en un intento fallido de arrancarme el corazón que poco a poco late más despacio.
Vuestro veneno  me hace más fuerte y a la vez tan frágil ¿no comprendéis que soy sólo carne?
Carne herida.
Y cada invierno que pasa me aletarga más, me hunde a la superficie intentando conseguir un poco de aire frío que me haga sentir que alguien merece la pena.
Carne curtida
Cada día más fuerte, cada día más fría.

Miserable existencia vuestra que dañáis a los demás porque estáis dañados por dentro. Y es que mis puñaladas me reverberen por dentro, pero las vuestras os matan. Cual trampa de ratón, cual carne de cañón, cual materia insensible.

Me duelen. Vuestras palabras nunca dichas, y las dichas y fugitivas. Me duelen vuestras caricias que escondían punzantes obeliscos por dentro de vuestra epidermis.
Me duelo a mí misma. Por querer quereros.
Por querer quererte.
Por querer cuidaros.
Carne, al fin y al cabo, una y otra vez.

Y los mares que naufragan por mis mejillas se vuelven tormenta cada vez que piso tierra firme, en busca de un faro que me indique donde puedo flotar. La sal me atrapa, me quema, me ama. Me cura. Empiezo a brotar, a resurgir, a vibrar.
Sin dejar de lado las bordas que me adornan por cada paso que he dado hacia mi camino, pues ellas me enseñan por donde no debo ir de nuevo.

En carne viva.


Viva estoy. Ave fénix.

viernes, 4 de septiembre de 2015

La armonía de los polos opuestos

Hacía mucho tiempo que no escribía, que no te escribía.
Supongo que es el sino de los poetas, el escribir sólo y cuando tienen algo que decir.
Y qué silencio más vacío.
Y qué impertinencia por mi parte el compararme con un artista, cuando yo siempre he sido musa de nadie.
Es incomprensible en la manera en la que necesito expresarte lo que siento porque me desbordo, cuando en realidad, te escribo porque tengo una nada en mí.
Y lo peor de todo es que me asusta, me asusta amarte y rechazarte al mismo tiempo, me asusta no saber quien eres y sin embargo verme reflejada en ti.

El sino de los escritores es escribir cuando están tristes, y cuando anhelan aquello que no tienen...¿ y si yo no soy escritora, si poetisa ni musa, cuál es mi sino? ¿qué debo hacer? ¿que debo anhelar?

Supongo que el mío es refugiarme allí donde todo comienza, donde no me traiciona el pensamiento, en la continuidad de mi lengua, que por raro que parezca, no eres tú, si no el papel.

Cuando uno no respeta los mandamientos, ni lee el Corán, ni siquiera la constitución, debe marcarse unos patrones, eso que la gente llama principios y que se los pasan por el forro del periódico de cada mañana. Los míos no son bonitos, y mucho menos éticos, pero son míos propios, son mi obra de arte porque me definen. En ellos no hay un "no desearás el bien ajeno" ni "huirás de la lujuria", pero si hay algo que todo ser humano debe hacer, amar.
Ni más, ni menos.

Parece fácil, pero no lo es en absoluto.
Porque la suspensión del hilo que tensaba tus pulmones ahora ya no solo depende de ti, pende del riego sanguíneo de otro ser humano, quien, por consecuencias que jamás conseguiremos entender, puede romperse con un sólo golpe de viento. Y entonces estás ahí, en medio de algo que ni tu sabías que existía, que ni loco pensarías estar alguna vez, y a pesar de todo, ahora,  estás.

Justo en ese punto estoy yo. Para que lo entiendas.

En el medio de la cuerda que lo cruza todo. Donde nadie más puede rescatarme y por la que crucé sin sentido y sin razón, sólo siguiendo mi principio, que ahora eres tú. Sin saber donde estoy, ni donde caeré, ni siquiera si lo estoy haciendo bien o peor.

Y en el medio de la cuerda, anhelo tu aliento que huele a Bukowski y retumba a cinismo, y recuerdo la suavidad de tus labios cuando no dicen nada y yo entiendo todo. Y tus brazos... oh tus brazos... los dos fuertes robles que calientan mi invierno y dejan esos anillos por cada segundo que pasa en mi alma. Porque cuando me pierdo, tu me das el norte en susurros y el amor en pedazos.
Porque es ahora, aquí, justo donde puedo morir y caer, donde puede destensarse la cuerda y huir, ahogarme..
porque yo no soy nadie, no soy nada, más que una trapecista que busca en el polo opuesto de mi corazón, el fin, la caída libre, el primer mandamiento, la pura armonía - a ti.

miércoles, 10 de junio de 2015

Así que no pares.

Creo que esa es la mejor parte de ti.
La que me ocultas,
esa dulzura que tanto te cuesta mostrar al resto es lo que te hace especial.
Porque al fin y al cabo te tienes miedo a ti mismo, y a los demás, y que toquen aquello que te hace vulnerable;
el corazón,
las caricias,
los besos que me acabas de dar sobre la espalda.
Me has cuidado.
Es la primera vez que me cuidas,
que me mimas.
Es la primera vez que no me dices que te la pongo dura,
sino que te he ablandado el corazón.
te he ablandado por dentro.
Y eso no lo hace cualquiera, es mucho más difícil.
Creo que te pesa más el músculo que tienes entre las costillas que el que vas enseñando con tus camisetas apretadas.
Por eso lo tienes enjaulado, para que nadie lo toque, para que nadie lo lastime de nuevo. Pero deberías, de vez en cuando, airearlo más, como ahora conmigo, para que veas que hay gente que quiere su libertad, que quiere que le cuides.
Yo quiero que me cuides.
Por eso me gustas mucho más que me asqueas,
porque eres como yo.
Lo primero que sueltas por la boca solo sirve para depurarte por dentro,
tu ultimo suspiro antes de dormir es lo que realmente te define,
es el amor, es el cariño, es el sexo sucio pero con el alma limpia.
Así que no pares de suspirarme, porque quiero conocerte por dentro más de lo que ya te he conocido por fuera.

domingo, 4 de enero de 2015

Sobre poetas y éxtasis.

La felicidad llega, pero en pequeñas cantidades, a sorbitos para que puedas digerirla mejor y se inserte en tu metabolismo.
Podría ser aquel olor a pan caliente que te envuelve al pasar por una panadería, la suavidad del choque de una mano en el metro mientras piensas cómo sabrían sus caricias en tu almohada, la tranquilidad que te invade después de volver de la batalla.
Incluso, la nota que suena del viento al vibrar y que te recuerda escalofríos.
En fin, no lo sé a ciencia cierta, literalmente, porque yo siempre he sido más de poesías y recovecos. De poetas y corazones secos.
Por eso siempre he creído que la felicidad más bonita es la de los poetas.
Veréis, los poetas anhelan aquello que no tienen, lo extraordinario, fuera de su alcance por centímetros y que somnolientos escriben sobre él. Pero, si lo alcanzan, oh Dios, escribirán Odas hacia su musa, alejandrinos imposibles sobre labios con sabor a victoria y recorrerán el mundo en busca de aquella sensación que les saque lo mejor que guardan en la punta de su lengua.
Todo ello para que la inspiración no se vaya del lado opuesto de su cama.
La amarán hasta morirse.
La amarán hasta escribir, no con los dedos, si no con el alma. Y en el punto más álgido, como si se tratase del Monte Eliseo, conocerán el éxtasis.
La pura armonía.
La felicidad.


sábado, 27 de diciembre de 2014

Del alma y cicatrices.

Creo que la muerte no es tal y como la describen. Yo he muerto varias veces en mi vida, y aquí sigo.
Mueres cuando dejas de respirar, cuando sueltas tu último aliento y tus pulmones quiebran.
Mueres cuando tu corazón, ya cansado, deja de bombear.
Mueres cuando te arrolla un coche o cuando te ahogas en el océano.

Pero también mueres cuando esa persona pronuncia por última vez tu nombre.
Se te para el corazón cada vez que recuerdas, una y otra y otra vez, cuando te miró a los ojos y te dijo que ya no te quería.
Mueres al escuchar su canción favorita, aquella que no paraba de tararear cuando estaba feliz.
Te ahogas al pensar que sigues durmiendo sólo en tu cama, sin saber si quiera si volverá.
Tus pulmones quiebran y exhalas tu último aliento cuando te das cuenta que lo que fue, nunca será ni es.

Creo que la muerte es un sentimiento.
Un sentimiento roto.
De vacío.
De ausencia.
Pero al fin y al cabo, una emoción.

Y si la muerte no es el fin, puede que sea el principio; la reencarnación de ti mismo con cicatrices que te recuerdan aquello que te rompió. Incluso, puede ser que, no te estés dando cuenta de que no estás viviendo tu vida, si no matándola, matándote, y sólo ellas te hagan verlo con claridad.

Creo que la muerte no es tal y como la describen. Yo he muerto varías veces en mi vida, y aquí sigo.
Renací cuando un desconocido me regaló una flor por la calle.
Renací cuando lloré tanto de la risa que no podía abrir los ojos.
Renací cuando escuché mi quinto te quiero, de los labios de otro primero.

Tengo un cuerpo lleno de cicatrices.
Un corazón lleno de emociones.
Y un amor vendado de escayola.
Pero aquí sigo.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Esto es para ti

Sé que me lees.
Cuando llueve y hace frío, e intentas averiguar cuál de mis arrugas son por tu culpa; si la del ceño, la de las comisuras o la que se abre poquito a poco en mi costado izquierdo.
Sé que me lees, aunque apenas sepas qué digo
Y eso es lo que más me gusta de ti. Tu limpieza semántica con ese toque de poesía amarga que me gusta desayunar con café. Y sin ropa a poder ser.
Me inspiras, y me cuelo en tus pulmones como olor de lluvia intentando malamente calarte hasta las entrañas.
Sé que me lees y no lees más que un fragmento de pergamino que extraigo de cada roce de tus dedos contra los míos cuando vamos caminando por la calle. Eres como la continuidad de mi paladar al saborear una viruta de cacao; exquisito y placentero. Eres la única razón por la que me encantan cada una de las pequeñas taquicardias que me provocas cuando tu aliento roza mi mejilla. 
Lo he pensado; no quiero otros trenes más que el tuyo, porque no me importa despertar en la misma estación todas las mañanas escuchando decir por megafonía "Ha llegado usted su destino", a ti. No quiero otros sabores de bocas que no sacian ni la mitad de lo que hace la tuya cuando ríes como un niño pequeño. No quiero otro sol que me caliente más que el que se refleja de tu barba con destellos rojos. No quiero otra manta que no sean tus brazos al rodearme. Te has convertido, sin quererlo, en mi nota preferida de todas las melodías que suenan. 
No, no quiero otro que no seas tú.
Podría escribirte la biblia en verso, siempre y cuando fueran tuyos mis primeros revoloteos, que se me escapan entre los dientes al sonreír. Podría, no sé, recitarte mil y una noches pensamientos transcritos a un idioma que sólo se lee con el viento. Podría y podría y podría. Podría decirte mil millones de cosas distintas, que siempre, al fin y al cabo, significarían lo mismo.

Sé que me lees, y esto, es para ti:
Porque tu pequeño Ford Mondeo que tanto incordio me causaba, me parece ahora el mejor escondite para decirte esto.
Porque aunque suene raro. Y estúpido.
Te quiero, justo aquí, donde termina mi respiración y comienza tu latido. Porque creo, ingenuamente, que la mejor sensación es la que sientes cuando alguien te lee el alma con los ojos.
Y tú me lees cada segundo que te miro. 
M.



domingo, 28 de septiembre de 2014

La muerte del amor

París, reina del amor, colchón donde retozan esos amantes impertinentes que desconocen que yacen con su asesino y torre donde se precipitan los recuerdos de aquellos "Je t'aimerai toujour" que sonaban como la brisa del mar en tus oídos.
París.
Espero que tu puedas decirme por qué cuando estoy ebria hablo en francés. Supongo que vendrá de ser una romántica empedernida con olor parisino. O el afán de maullarle a la luna desde un tejado rojo de Montmatre.
Tal vez sea un grito de socorro preguntando a donde van esos amantes que se dejan perder.
El dolor que causa la contaminación de esos pequeños detalles que escondíais entrelazados en las manos. 
Un poco de venganza tal vez.
O estupidez.
O amor, demasiado amor.
Y es que hay tantas formas de matarlo, que todos deberíamos tener antecedentes penales, de los que invaden el alma y la llenan de lágrimas diciéndote que allí fuera ya no te queda nada. Entonces, te recuerdas ahí, en medio de una pared blanca, sujetando un cartel con tu ficha policial y el nombre de quien asesinaste; el nombre del último habitante de tus ventrículos.

Es tan fácil matar, destrozar y herir.
Tán facil odiar lo amado por orgullo, por callar que el hueco de entre tus pulmones aún sueñan con ese olor a sudor e inocencia que expiraba su risa. Resonaba a francés, la lengua romántica por excelencia, con permiso de la de Brigitte Bardot, por supuesto.
Despotricas palabras sin sentido que sesean angustias consternadas debajo de esa capa de tristeza, deseos que te apuñalan cada día cuando te despiertas y lo único que hueles es un quiche de queso, de esos que a ella tanto le gustaban, y que tu, jamás volverás a probar.
Y entonces te das cuenta de que todas esas esculturas de pieles blancas del Louvre son lo más parecido a tu corazón en esos momentos. Arte, pero en última instancia, piedra fría. Y los trazos sin sentido de Monet te hablan diciéndote que si te alejas, verás todo con mayor claridad, aunque a ti lo que más te interese sean los detalles. 
Te preguntarás por qué lo hiciste.
Querrás borrar las evidencias e irás en busca de un café en compañía del algún desconocido con mirada amable, mientras se va quemando tu garganta y ahogando tus pensamientos.
Pero siento decirte, que una vez lo hagas, no serás el mismo. Porque tu víctima, a pesar de la carnicería a tu sensibilidad, te marcó. Como marca el carmín compartido entre los hierros de la Torre Eiffel, como marca el león a su presa y Cupido a los ignorantes.
Como te marco a ti.
Como me marco a mi.
Como te marqué y como me marcaste.
Como las cuatro paredes de la celda que nos separan, como esos te amo en los candados que nunca pusimos y recordamos, como algo tan bonito que aunque se destruya por odio, 
siempre estará en francés.


sábado, 21 de junio de 2014

Con las manos vacías, con el alma perdida y los pies ensuciados.

Beso con necesidad, con hambre, con devoción.
Con miedo y con pérdida.
De la razón, del corazón y del sentido.
Devorarte.
Con finura, arte y por qué no, literatura.
¿Donde pretendes que vaya? Si a tu huida te lo has llevado todo, ladrón de guante blanco.
Te has llevado nuestra historia, aunque últimamente rondaba por los callejones de madrugada mendigando un poco de calor e inocencia y lamiendo amores heridos que surgían de entre las farolas. Tu eres mi autor. Me creaste y firmaste en lo más hondo de mis entrañas donde apostaste por mi que sería tu mayor Best-seller. Y así fue.
Aunque los únicos ojos que querían que me leyesen eran los tuyos, sobre todo si era al dormir, donde nada me asusta, donde nada me importa.
Beso con rabia, con fragilidad, con sed.
De tus susurros, de mis crujidos.
Amarte.
Con las manos vacías, con el alma perdida y los pies ensuciados.
Ensuciados de nuestros pecados, y qué vil mentirosa sería su no te dijera que allí contigo, en el infierno, me sentía en el Edén.
Maldita hereje de tu boca, de tu voz grave y de tus manos toscas que me hacían poesía.
Musa. Amante y náufraga.
Perdida sin ti. Flotando entre los arrecifes, enredándome entre mareas que no me llevan a mi destino. A tu sendero.
Beso con locura, con exigencia, con alevosía.
Como mi oxígeno, como mi tuerca, como mi canción favorita.
Así eres tú para mí. O eras, qué se yo.
Como una bocanada de aire tras sentir como los precipicios oceánicos se atragantan entre mis aullidos. Como un muerdo de cielo tras conocer el fuego más perverso escondido detrás de "Viaje al centro de la Tierra" de Julio Verne.
Como tu boca sobre la mía o como la tinta sobre mis venas que imaginan como aparecen lunares sobre tu cuerpo por cada vez que pronuncio tu nombre en mi vacío.
A ti, quien me hizo olvidar los trenes para acurrucarme solo en tu vagón.
A ti, por quien por locura, el psiquiátrico me parecía un hogar.
A ti, quien infinitas veces maldije por hacerme de nuevo, enamorarme.
Te escribo para decirte, que me encantaron tus risueños ronroneos que se camuflaban por debajo de mis caricias mientras te cantaba nanas cubanas que hablaban sobre diablos y hombres blancos. Te escribo para decirte que echaré de menos mis quejidos cuando notaba un tacto intruso por debajo de mi falda; aunque intruso sea sinónimo de "Bienvenido al paraíso" al son de los ruegos a Dios. Quiero decirte que hasta los lunares que tengo en fila en el cuello dibujan tu inicial cuando te marchas y me dejas aquí tirada, en el cielo de tu sombra oscura; donde me gusta cobijarme y pensar, que en algún tiempo tu cobijo era mi nombre.

sábado, 3 de mayo de 2014

Recetas de realidad y otras estupideces.

Hoy me he levantado con la creencia de que se puede ser feliz sin estar completa.
Creo que hay veces, que simplemente necesitas explotar un poco y dejar que se derramen un par de sueños fracasados, algún que otro ceño fruncido y bastantes "Pero a pesar de todo te quiero" que nunca llegaste a decir.
Por lo menos en alto.
Por lo menos a la persona adecuada.
Y sin embargo ser capaz de ser feliz.
Esto no es un microrrelato sobre dos amantes que se mueren pero se funden juntos en un amor incondicional, así que si quieres fantasía, no continúes leyendo esto.
Si quieres hablar sobre personas reales, sobre sentimientos y dolor, entonces sí, continúa
Hubo una vez, que me rompieron el corazón, de tal forma en que tuve que ir pegando trocitos de cosas que me recordaban al "yo" que solía ser, para poder ser de nuevo yo y no una persona con un hueco en la parte superior izquierda. Pero se me quedó una cicatriz. Una cicatriz que me recordaba que lo único que no podía volver a perder en la vida, era a mí misma
Mi esencia. Mis pasiones. Mi sufrimiento. Mi forma de sacar de quicio a la gente y sobre todo, la capacidad que tengo para enamorar, y enamorarme. 
No todo el mundo va a quererte, ni vas a amar a todos. Y sí, claro que amar y ser correspondido es, dios, sumamente increíble, dejar escapar un poquito de ti para meterlo en un botecito llamado "Corazón" del prójimo. Pero las recetas están demasiado cuadriculadas y son los mejores Chefs quiénes las retocan y hacen suya, le añaden sus ingredientes y calculan las medidas.
Creo que el problema que nos suele suceder es que calculamos mal, y damos de más, quedándonos nosotros, en menos.
Mi receta de hoy se llama realidad.
Consiste en levantarte y mirarte al espejo; verás la persona que jamás de los jamases saldrá de tu vida.
Cuídala.
Amalá.
Hasta que la muerte os separe.
Lucha por lo que quieres ser, lucha por quién quieres y lucha por no perderte por aquellos que no te valoran.
Piensa que tal vez no pueden quererte porque ellos no se quieren.
Nadie es perfecto. Tu tampoco.
Llora, como estoy haciendo yo ahora mismo (intenta no ser tan melodramático , en serio, es horrible porque todavía no me han cogido en ningún drama inglés protagonizado por alguna mujer de acento exquisito), llora y siéntete una mierda, porque luego notarás que toda esa angustia se ha disipado y solo hay paz.
Ríete, porque estas leyendo un escrito de una tía que tiene diecinueve años y no sabe más que tú de la vida y sin embargo continúas leyendo.
Mi último ingrediente es, simplemente, ser feliz.
¿Creéis que la palabra "simplemente" no concuerda demasiado con "felicidad"?
Yo opino que simplemente es un problema de semántica.

Creo que se puede ser feliz sin estar completo. Firmemente. 

Porque tú, y solamente tú, eres la persona que siempre te querrá y sobre todo, conseguirá que seas feliz, a pesar de que odies llorar en público por miedo a que conozcan que en realidad, eres una blanda que escribe sobre amor, verdades y otros desastres. Que te da miedo sentir, por miedo a que te vuelvas a descomponer y te da miedo no dejarte a ti misma sentir, porque querer a alguien es algo precioso. Ah, y que adoras las anáforas y las metáforas y todo lo que te sirva para poder escribir sobre ti sin que se vea de forma directa.

Así que, a pesar de que tenga que perfeccionar mi receta, he podido conseguir el ingrediente mágico que hace que sonría por las mañanas sin más;  quererme a mi, bastante de un poquito de más y querer bastante menos que más, a aquellos que no se merecen que alguien como yo, les aporte algo en la vida.


Diálogos interiores sobre una proyecto de periodista con afán de cocinera.

domingo, 16 de marzo de 2014

Cuentos felices para adultos en apuros. Érase una vez el más bonito ronroneo.

¿Cómo se suponía que empezaban los cuentos?
                 ¡Ah, sí!
Érase una vez una bella niña con un agujero en el pecho.
Tan grande tan grande que tenía que ponerse un tapón para que no se le derramasen los escalofríos. Pero a veces no podía evitar que el tapón saliése disparado y se escapasen ronroneos imperceptibles, que tan sólo aquellas personas que de verdad podían escarbar bajo las capas de humedad que sobresalían por su estructura ósea, podían notar. 
Y era maravillo, ¡Sí que lo era!
Era como, como... no lo sé, como si de repente todo fuese muy oscuro, y te invadiese una sensación de ausencia, como si toda aquella humedad explotase en mil pedacitos y quedases desnudo. Vulnerable. Completamente perdido.
Y justo en ese momento de perdición, de muerte, resucitasen desde lo más hondo de su pecho cientos y cientos de ramificaciones que sin la necesidad de rozarte, te erizasen la piel. Y de repente, no sé, olía a melocotón y a sábanas nuevas y al cabello cuando es acariciado por la mano de un amante, huele a la primera flor que florece en el jardín, al primer beso que te robaron. Huele a lágrimas que surgen de los rascacielos y desbordan hasta la más honda alcantarilla.
Era la más tierna y súbita muerte habida.
La muerte por amor.
Y qué queréis que os diga, yo me desvanecería mil veces más por tan solo una más de sus roturas. Suena cruel ¿verdad? ser feliz a costa de las grietas de otros, pero es que en realidad ella era mi dueña. 
Y yo, plantado bajo las ventanas de su alma, esperando a que abriese sus balcones y me hiciese el amor con sus huesos carcomidos, la amaba. Porque el amor es eso ¿sabéis?

Es deformar la vida de alguien para poder caber dentro, acurrucaditos. Es dejar brotar los rotos para que el otro, con mucho esmero, los enmiende.

No pretendo que lo entendáis, tal vez fue el golpe de su tapón al estallar el que me volvió loco por ella.  Incluso, tal vez, las fábulas que me cuenta cada noche al acostarnos sobre una tal Caperucita con lencería roja que está esperando cruzarse con el lobo feroz. Yo la preguntaba que si no tenía miedo de que el lobo feroz la hiciese daño, y entonces la bella niña respondía que si el lobo la hacía daño, seguro que procuraba que la gustase.
Como comprenderéis ahí fue cuando le cogí el gusto a los cuentos.

Hay momentos en la vida, en donde te surge esa incertidumbre, un sentimiento terrible, cuando toda tu vida cambia y no sabes ni el por qué ni hacia donde. Pues bien, yo me encontraba en ese punto. 
Yo no sólo quería ser anécdota, quería ser toda su historia, una historia con letra de médico para que tan sólo nuestras yemas pudiesen entender.
 Pero de repente llegó la bruja y maldijo a los enamorados a .... Perdón perdón, se me han traspapelado las historias. Continuemos pues.

La bella niña por fin olvidó su rutina de tener que taponarse el pecho y apantanarse en tristeza;  ya tenía unas manos que la ronroneaban nanas con esencia de jazmín y que la recordaban cada noche que habría un "Continuará".

Hay vidas que están basadas en hechos reales. Esta no es una de ellas.
Y eso es lo mejor, porque así pudieron ser felices y comieron perdices.

                      f i n



sábado, 25 de enero de 2014

Catadores de Whisky.

-Joder, como escuece.
Todavía no tenía claro si era el vacío o el whisky que resbalaba por su garganta.
Su madre la llamó Amelia, en honor a las Camelias. 
La camelias florecen en ambientes fríos, son flores delicadas y no poseen olor.

 Era preciosa. Con la piel blanca y los labios rojizos, los ojos rasgados y y el corazón cenizo. Era pura, pura ventisca, puro fuego, de risa grotesca y llena de ego. En sus poros podías ver cada raíz enredada con sus pensamientos, y su mirada... su mirada era Pacífica y profunda, capaz de inundar mares y océanos con una de sus lágrimas. 

-Borrar borrar borrar.... ¿De verdad he escrito "cada raíz enredada con sus pensamientos"? Díos mío...

Amelia era escritora y trabajaba en su última novela autobiográfica. 

Se desabrochó la blusa y le dio otro trago al Bourbon. El Bourbon. El mejor amigo de una mujer. De ella¡Diablos, para qué un hombre teniéndole a él! se repetía sin cesar.
Pero a quién iba a engañar, estaba deseando amar, amar con locura, con rabia, con besos tiernos y arañazos en entrepiernas. 
Sólo quería amar una vez - Tan sólo una-  y marchitarse, rezaba hundiéndose en la bañera mientras se impregnaba su piel de ácido y alcohol. Ella lo achacaba a su ausencia de olor.
 Sin embargo, una vez amó, tan fuerte que se deshizo. Era tan doloroso...  él se mecía en sus pulmones intentando buscar hacerla suyo como ningún otro, se propuso ser uno y respirar el mismo aire, y aunque ella no podía respirar, sentirle dentro le hacía feliz.
Como extrañaba ese dolor. Que dolor más dulce.
Amelia se enamoró tan fuerte que intentando buscar hacerle suya como ninguna otra, se propuso ser uno e inundarle en el amor tan puro que le profesaba, tan puro tan puro que el corazón de él se ahogó porque no puedo soportar sus 62 grados.
 Y le perdió.
 Se fue.
Le dijo que volvería cuando pasasen siete años. 
Se propuso esperarle trescientas setenta y ocho semanas. Amelia solo pensaba en sus baños en whisky, notando su pecho en su espalda y sus brazos rodeandole la cintura. Amelia solo pensaba en la textura de esos besos amargos y en olor que impregnaba la habitación cuando él estaba presente.
Él era su olor.
Pero en lo más profundo de nuestro ser, no pensamos; sentimos.
Y Amelia se hundía en la bañera y abría los pulmones dejando de respirar para que con un poco de suerte pudiese notarle en ellos, y sentir el dolor. Su dolor. El del amor. El de ellos.
 Pasó doscientas setenta semanas, cinco años, madurando para él. 
 Hasta que un día inundó con su lágrimas la habitación y la impregnó de olor. No pudo soportar pasar  ciento ocho semanas más con la ausencia de su amante.
Le amo como nadie pudo amarlo jamás, y así por fin le hizo suyo para siempre.

                    (Ciento ocho semanas después)

Y Jack se quedó ahí, sentado en el apartamento de Amelia con una mano en la copa de Bourbon y la otra limpiándose las lágrimas, esperando a que volviera, sin saber que ella resbalaba en su interior y le doraba las mejillas. Nunca le abandonaría. 
Ella era su perfume y ahora sería su esencia.

NOTA: El Bourbon tarda en madurar cinco años. El Jack Daniels siete.

viernes, 29 de noviembre de 2013

El precipicio de Olivia. Los dedos del saxofonista. Segunda parte.

Y así caían los inviernos del calendario de la nevera.
Ella aprendió anatomía. La suya. Conocía las paredes del corazón de Javier como la palma de su mano, a veces incluso, jugaban a ser humanos entre esas cuatro paredes. Comprendió la enfermedad que atravesaba a su amado tanto que se convirtió en su música. Le amó tan fuerte que se olvidó de que el frío seguía por sus venas cada vez más cerca del motor. Cada noche moría un poco más, y entre sus manos asomaban ruiseñores por sus labios. Cada costilla, cada nota contenía más amor que la anterior, hasta que finalmente terminaban exhaustos entre revoloteos y gemidos entrecortados, con las cuatro paredes empañadas de sentimiento, colosal y dañino, el que solo aparece, tal vez, cuando Madrid duerme... e intoxicándoles, conseguían llegar al clímax, al suyo propio en el que se escuchaban los te amo.
Sus noches eran caídas  y olor a trigo.
Sus días eran temblorosos y desafinados.
Sus días eran muy suyos, tanto que sólo aquellos que han conseguido amar por encima del amor propio, el amor al otro por encima del daño y la oscuridad, pueden comprender.
Su historia no es una historia llena de métaforas, sinapsis y sinestesías. Su historia no esta llena de mariposas volando por la habitación ni color rosa. La suya es una historia triste, tal vez inventada por su autora, que se siente invierno,sin duda no será la mejor historia escrita por ella pero en todo caso la historia de amor entre Olivia y Javier es la historia de amor que más amor esconde, la de dos amantes que se cuidan y son su medicina y que a pesar de las penurias, consiguen ser felices.
Ella logró que las manos del saxofonista dejasen de temblar y llegasen a tocar el cielo por debajo de su piel. Él consiguió que cada vez que cada vez que creaba arte, ella pudiese sentirse a salvo junto a él. La pequeña y débil niña de hielo.
No sabía por qué, pero cuando se desnudaba era el mejor momento del día. Podían respirar por sus poros las penas que la azotaban durante el día y dejarse ver sin maquillaje, solo escombros. Ella es así, escombros, pura ruina. Pura, colosal y quebrada. Era belleza. Más allá del sentido sexual que todos ven, conseguía por un momento ser capaz de dejar de mentirse a sí misma y escapar. 
Y tan sólo cuando alguien pudiese ver que ese cuerpo no es cuerpo sino alma, sólo cuando alguien pudiera rozarla sin quemarse y afinarla, Ella podría estar desnuda con él. "Me tomaré la curvatura de tu espalda como un sí" dijo él mientras la desabrochaba la cremallera e introducía sus yemas por encima de su corazón. Y así fue como la mayor creación de arte perduró en la historia. Consiguió afinarla, ardiendo yacía entre sus brazos, entre sollozos y susurros que la pedían que se quedase, y así fue como él consiguió por fin, perderse en su vacío, en el precipicio de Olivia.
Y fueron por fin, ruinas juntos
FIN


A veces las historias de dolor, son las que más amor muestran, las que no tienen fecha de caducidad y siempre dejan una puerta abierta.
Se quisieron más allá del dolor, tanto, que no pudieron soportar vivir sin poder estar juntos hasta la muerte.
E.

viernes, 18 de octubre de 2013

Los dedos del saxofonista. Primera parte.

Ella era una mujer de invierno, no conocía otra época del año. Su helado corazón bombeaba vacío hasta cada una de sus ramificaciones y el rubor de sus mejillas no era más que colorete rosado que se aplicaba para parecerse a las Barbies que caminaban por la calle.
 Aunque a ella le gustase la palidez de sus mejillas. Aunque ella soñase cada noche con alguien que pudiese tocarla sin congelarse y huir.
Aquel día, Olivia tenía más frío de lo normal, resbalan copos de nieve por sus mejillas y sus venas tornaban azules. Ella se consolaba pensando que era de la realeza, alguien especial, lo que no se esperaba es que algún día lo sería para alguien. Estaba sentada en el alféizar de su ventana, notando como el calor luchaba por entrar en su cuerpo, evaporándose la nieve y cómo sus alas esperaban poder abrirse. De repente, comenzó a oír una melodía preciosa de jazz, parecía venir del piso de arriba, el nuevo vecino.
Esa noche no podía dormir, como todas las noches, pero esta vez fue por aquellas notas... le recordaban a algo...algo que conocía y que no lograba recordar... Así que cómo buena impaciente subió corriendo hasta el 4B y aporreó la puerta.
A los dos minutos abrió la puerta un hombre en pijama, robusto con rasgos suaves. Se quedó mirando atónito a aquella "personaja" vestida con unos calcetines de lana, una camiseta que le enmarcaban sus costillas y su pelo moreno alborotado sobre aquellos labios tan seductores.
-¿Mmm... si? 
- Disculpe ¿qué melodía tocaba ayer con su saxofón?
-Pues.. Creo que se refiere usted a... ¿perdone pero no podía haber venido a otra hora que no fuese las 4 de la mañana? - dijo confuso el nuevo inquilino-
- Sí, pero dígame cuál era.- contestó con su característica mezcla de naturalidad,inocencia y picardía.
-Era "Penélope" de..
-Muchas gracias, ¡Me llamo Olivia por cierto! Bienvenido.
-Yo me llamo Javier...y ...y bueno soy saxofonista. ¿Quiere usted verlo?
Y claro, cómo no iba a quererlo la curiosa Olivia. Cómo dicen, la curiosidad mató al gato, pero murió sabiendo. Así era ella.
Se pasaron la noche sin hablar, simplemente mirándose mutuamente y tocando el saxofón, se conocieron hasta tal punto, que no hacía falta mentirse.
Ella se dio cuenta del leve tembleque que le azotaba cuando tocaba el saxofón,  cómo se humedecían los labios de aquel extraño al soplar la boquilla y lo profundos que eran sus ojos negros. ¿Decir que la ponía caliente suena un poco contradictorio, no? A pesar de que esa era la sensación que la llenaba cuándo estaba con él; una mezcla de miel y trigo... y de sol... y de...de..felicidad, que le encantaba y la hacía sentirse fuera de lugar.

Él se dio cuenta de lo fría que estaba cuando se rozaron sus manos unos segundos, lo largas que eran sus piernas y el leve tembleque de ella cuando él se acercaba. ¿Decir que con ella se sentía a salvo suena demasiado precipitado, no? A pesar de que con ella notaba su corazón precipitar al vacío, a su vacío, al de su tez blanca y sus labios rojos que pedían gemir ruiseñores.

Después de aquella madrugada, Olivia no dejo pensar en él. Ni él en ella.

Todo el mundo tiene una debilidad por la que traicionaría todos los principios que podría haber llegado a tener.

La de él era aquella maravilla desafinada con insomnio.
La de ella eran aquellos dedos temblorosos de saxofonista.
continuará...














lunes, 26 de agosto de 2013

Microrelato: Las siete vidas de tus ojos de gata.

 Y aquí estoy, rompiéndome las uñas arañando las horas al reloj en vez de castigar tu espalda por romperme mi tanga nuevo en esos prontos que tuvimos y que tanto nos gustaban. Aquí me tienes, enumerando los vicios que me contagiaste y que ahora llevo colgados encima delatándome ante cualquier otro pretendiente que me pregunte ¿Perdona cariño, llevas perfume de hombre? queriéndole decir que es mi olor corporal, que expira lo poco que me queda de tí junto al recuerdo de unos ojos miel que me miraban desde el otro lado de la acera con un paraguas gris. 
     Era primavera en Madrid, finales de Mayo y estaba preciosa teñida de rosa por los cerezos.
          Llovía, llovía a cántaros. Eran las once de la noche pero Gran Vía estaba invadida de la luz amarilla y rosa neón. Recuerdo que llevaba una chaqueta de cuero negra, unos hot pants vaqueros y una blusa blanca de estas que "dejan ver lo mejor de ti". No sé que hacía allí, solo necesitaba escapar, huir, dejarme llevar... iba cruzando la calle sin esperar que ningún hombre se chocase conmigo y me robase mi cartera con corazón incluido. Pero ocurrió.
       Sólo escuche su voz diciéndome lo guapa que estaba con mi chupa de cuero y mi pelo color fuego empapado enmarcándome las decepciones bajo mis ojos rasgados y mi pícara sonrisa." Y me encontré bebiendo ginebra para dos, con las medias rotas y las uñas rojas sonriendo como una imbécil al hombre de los ojos color caramelo.
       Recorrimos Madrid,  recorriste con tus yemas cada una de mis vértebra y nos corrimos bebiéndonos lo mejor de nosotros, quedándote así con todo lo que llevaba encima, así cómo el poco amor que aún tenía que ofrecer. Grabé en mi mente el roce de tu olor cuando me apartabas el pelo y me lo colocabas tras la oreja, la presión de tus labios sobre los míos, las gotas de lluvia cayéndome directamente de tu pelo, las pisadas sobre los charcos que reflejaban cada intrusión de tu mano bajo mi pantalón, las farolas que desvelaban mi piel de gallina cada vez que susurrabas mi nombre y el hueco que se formaba entre mis costillas para dar cavidad al tuyo.           Estuve en tu interior por una noche, me colé en tu saliva conociendo cada sabor, decisión y pensamiento de tu vida, conocí tus entresijos. Fui la mujer de tu vida por una noche y supiste que lo era por la forma de sacar la lengua cada vez que sonreía, la forma de mirarte cada vez que hablabas y la extraña forma de actuar cuando caminaba por las calles sin saber ni pensar que es lo que querías de mí. Ahogaste tus ansias y alientos en mi nuca  y refugiaste tus miedos en lo más bajo de mi espalda. Creo que hicimos el amor, de ese que pocas veces existe. Era belleza. Eran dos almas quebrándose para fundirse en una. 
Pero entonces amaneció y supimos que había llegado el final.
-¿Qué ocurre ahora?
- No lo sé Marina.
   En el fondo sabíamos que algo tan intenso y fugaz sería nuestra ruina, aunque unas ruinas por las que tal vez valdría la pena morir.
  Acordamos vernos cada vez que la lluvia inundase Madrid. Quedaríamos a la misma hora y lugar en que todo sucedió, con la condición de que sólo acudiríamos si estábamos seguros de que valdría la pena volver a vernos.
- Pero tu no volverás -le dije-.
-Creo que eres el tipo de chica por el que un hombre volvería, ojos de gata.
  Y aquí estoy, sentada bajo la lluvia viendo como caigo, capaz de gastar mis siete vidas si eres tú el que me las roba, ronroneándote lo mucho que te quiero y queriéndome pasear entre tus piernas cada mañana. Pero no estás, no estás. 
 El reloj marcó las 11: 01. Mis pulsaciones se dispararon cuando te vi cruzar, agarrándome de la cintura y susurrándome "Estaba deseando que lloviera para decirte de la forma menos tosca posible que quiero recorrer Madrid contigo, pero no sólo una noche, si no las siete vidas de tus ojos de gata, Marina"


domingo, 28 de julio de 2013

Cuatro paredes, una bala, un beso y un adiós.


Enamorarse es enfrentarse a una guerra y ella sin fuerzas, estaba fuera de combate. 
La dolía el cuerpo, magullada en cada caricia no dada en la espalda y en cada casi beso en el cuello. Le escocían los labios de los olvidados mordiscos que le dieron entre la espada y la pared, ardiéndole la cara interior del muslo cada vez que activaban la bomba de relojería y a punto de saltar por los aires ella rogaba a Dios. Y al notar el aliento en su delantera, con miedo a volver a perderse entre suspiros y promesas, pedía refuerzos a su conciencia que, a medida que sentía con cada vez más cercanía la piel del enemigo se desvanecía dejándola desamparada y con el corazón palpitando esperanzas.
Y se despertaba en campo enemigo enamorada y confundida, refugiada entre sábanas y abrazos que terminaban en revolcones y pérdidas de su coraza , y huía con el pelo alborotado, miedo a perderlo o perderse, unas bragas de menos, y alguna mariposa de más.
Día tras día, tras las trincheras con perfume de Dior y lencería nueva dispuesta a salir al encuentro del contrincante. Y cada día perdía más la cabeza... o el corazón, ¿quién no arriesga no gana dicen, no?

Mujer kamikaze que adoraba estar secuestrada entre cuatro paredes, siempre que fueran las de él, jugando a ser humanos y dejarse matar poquito a poco por la búsqueda de calor de sus dedos alrededor de sus caderas y su ansia de sed que se escondía en los labios de ella. Porque aunque ella sabia que su corazón moriría a manos de su enemigo, si era su bala quién la mataba dolería menos.
No podía abandonar, ya no.
A la larga las mariposas crecen y duelen, demasiado, y al morir se llevan consigo la esencia de cada beso a escondidas en el callejón, cada abrazo por la espalda, cada roce de manos y los orgasmos que él robaba cada vez que se inmuscuía entre los placeres y virtudes de ella.
Pero como en toda guerra siempre hay perdedor,  se despidió de su talón de Aquiles con un beso en los labios y una bala en el corazón que sangraba sus últimas palabras "Te querré hasta nuevo aviso".